La información limitada que manejan muchas de las instituciones bancarias de Centroamérica caracterizada por la sistematización de criterios adecuados a la hora de analizar sus carteras para financiar proyectos de energía renovable y eficiencia energética, representa todavía un obstáculo significativo para el desarrollo de estos mercados en el Istmo.
En la actualidad la mayoría de las instituciones crediticias comerciales carecen de datos –cuantitativos y cualitativos- para desarrollar financiamientos innovadores para este tipo de inversiones en tecnologías “limpias”. El caso interesante es el financiamiento mediante esquemas tipo “leasing”, donde parte –y en algunos casos la totalidad- de las cuotas mensuales se logran apalancar con los ahorros logrados con la sustitución de equipos ineficientes y con el cambio cultural del consumidor.
De acuerdo con José María Blanco, Director de la Fundación Red de Energía (BUN-CA), es necesario promover oportunidades de negocio en la región centroamericana para otorgar crédito en áreas como; por ejemplo, la compra de motores eléctricos más eficientes, aires acondicionados de bajo consumo energético y equipos de refrigeración que cumplan con las normas técnicas de eficiencia energética, entre otros, sobre todo en aquellos países donde el costo de la energía es alto debido a la alta dependencia de la generación térmica que utiliza combustibles fósiles importados.
El especialista de BUN-CA destacó que una política crediticia que además de valorar los aspectos financieros de los proyectos de energía renovable también incluya los beneficios de responsabilidad social y ambiental, como la reducción del calentamiento global, contribuiría significativamente a promover una cultura empresarial de ahorro energético y mayor generación energética con fuentes de energía renovables.
“Tenemos experiencias muy claras en la región que nos indican sin lugar a dudas el compromiso de los desarrolladores privados con el tema energético en vista de que implica el ahorro de miles de dólares para los empresas. Un caso interesante ha sido el interés de los industriales centroamericanos por adquirir motores eléctricos de alta eficiencia y el uso de los denominados variadores de velocidad. En el caso de El Salvador, la Asociación Salvadoreña de Industriales ha estimado que en ese país existen unas 300 industrias que en los próximos 10 años podrían contribuir a ahorrar unas 861 mil toneladas de dióxido de carbono (CO2) y lograr beneficios por electricidad no consumida para las industrias participantes de unos $ 61 millones de dólares”, precisó el Director de la Fundación Red de Energía.
Otras medidas
Junto con el desarrollo de una nueva cultura bancaria que sirva de soporte financiero a las iniciativas de energía renovable es necesario que la región centroamericana establezca y reconozca normas homologadas en eficiencia energética; es decir, una norma compartida por todas las naciones del Istmo en vista de que los países importan la mayoría de equipo eléctrico de unas pocas zonas fabricantes similares.
“Los mercados eléctricos regionales son relativamente pequeños comparados con economías más grandes; de manera que, la utilización de normas homologadas que establezcan estándares mínimos de consumo a los equipos importados reducen los costos de las pruebas de laboratorio y los trámites aduaneros, entre otros beneficios”, añadió el representante de BUN-CA.
El desarrollo de normas rigurosas para la adquisición de equipos eléctricos cuya tecnología ofrezca un menor consumo de energía ofrece la posibilidad de reducir los costos de producción y; en el tiempo, es la opción financiera más rentable.
Acerca de BUN-CA
La Fundación Red de Energía (BUN-CA) es una Organización No Gubernamental (ONG) con sede en San José Costa Rica y con operaciones a nivel regional en Centro América, la cual define su agenda de trabajo con un enfoque integrado para fomentar el aprovechamiento eficiente de los recursos naturales para generar energía y promover la eficiencia energética.
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